300, de Zack Snyder
Marzo 29, 2007 — Pablo Gutiérrez
300 (EEUU 2007, Acción, 117 Minutos)
Dirección: Zack Snyder.
Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad, Michael Gordon (Sobre la novela gráfica de Frank Miller y Lynn Varley).
Reparto: Gerard Butler, Lena Headey, David Wenham, Dominic West, Rodrigo Santoro, Michael Fassbender.
Música: Tyler Bates.
Valoración: 4/10
Resumen: La pequeña nación de Esparta está amenazada por el gigantesco imperio Persa. Si Esparta cae, toda Grecia será conquistada y cualquier atisbo de democracia caerá bajo el yugo de la tiranía. Pero los espartanos son guerreros sin parangón. Su rey Leónidas, comandando tan sólo a 300 de sus hombres, intentará detener al invasor.
Crítica: Guiados por cierto afán referencial, muchos medios han comparado 300 con obras recientes del péplum como Gladiator, Troya o Alejandro Magno. Pero 300 escapa del género épico e incluso de los patrones característicos del drama bélico para convertirse en una película de acción fabricada a la antigua usanza. De haberse rodado en los años 80, bien podríamos haber visto este filme protagonizado por Schwarzenegger, Stallone o Van Damme o, qué demonios, tal vez por todos ellos. El hombre parco, físico, hierático y agresivo, la mujer aguerrida y primordialmente sexual, los villanos deshumanizados y ante todo la violencia entendida como un elemento lúdico, son las principales características de la obra de Snyder y de su respetado ideólogo Frank Miller. ¿No recuerdan algunas secuencias de estas Termópilas photoshópicas a aquellas violentas y malentendidas búsquedas del honor y la venganza de décadas pasadas? ¿No son los espartanos representaciones camufladas (y no tanto) de aquellos héroes cargados de esteroides, armas y munición? ¿No despiertan entre el público estas batallas de sangre digitalizada, la misma excitación asesina de aquellos derroches de balas en los que el protagonista es únicamente el que inflige el daño y jamás el que lo sufre? Y es que no nos engañemos. La catarsis última diseñada por Miller para Leónidas, aquí una suerte de Rambo helénico, no es concebida al modo de las mayores obras épicas, sino como otro aliciente más de los tres factores fundamentales que crean el gancho de la película: estética, sexo y violencia en dosis hiperbólicas. Sobrecargada es la justa medida de 300. Amparado en la más absoluta fidelidad plástica (que no narrativa) al tebeo, y guiado por la técnicamente visionaria Sin City, Snyder comete los mismos errores que lacraban la obra de Rodríguez. Snyder trabaja a fondo en una fotografía digital que honre el trabajo visual de Lynn Varley, y trata de capturar con agotadoras cámaras lentas el momento plasmado en cada viñeta. Pero sin un trabajo digno de adaptación lo que vemos una vez más es un popurrí de lenguajes incompatibles, en el que superhombres perfectos lucen músculos a la luz de un sol de píxeles, combaten (y vencen) infernales monstruos, pasean por el campo de batalla destruyendo al enemigo sin sufrir daño alguno, disfrutan hasta límites morbosos con la muerte, celebran simiescamente cada victoria con sus fraternales compañeros, sueltan sin rubor frases lapidarias, destrozan cualquier indicio de verosimilitud histórica y yacen con bellísimas mujeres. Así es fácil elegir un bando.
O.K.: Su valiente irreverencia.
K.O.: Lo peor de la acción de los 80 camuflado digitalmente.











