TRANSFORMERS, de Michael Bay
Julio 23, 2007 — Pablo Gutiérrez
TRANSFORMERS (EEUU 2007, Acción, Minutos)
Dirección: Michael Bay.
Guión: Roberto Orci, Alex Kurtzman, John Rogers.
Reparto: Shia LaBeouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Jon Voight, John Turturro, Rachael Taylor.
Música: Steve Jablonsky.
Valoración: 5/10
Resumen: Dos razas de gigantescos robots llevan luchando durante milenios. La Tierra parece estar destinada a la destrucción cuando su contienda llega al planeta. La única salvación para el mundo parece ser Sam, un joven más preocupado por comprar un coche nuevo e impresionar a la belleza del instituto.
Crítica: En unas recientes declaraciones Michael Bay reconocía sin rubor ser, con todo lo que ello entraña, un mero director de productos veraniegos. Esa es probablemente la mayor virtud del californiano como cineasta. La consciencia propia de que sus obras no lucen habitualmente la más mínima profundidad artística o pretensión renovadora, ni la intención de su director de hacerlas pasar por otra cosa. Transformers es por tanto un espejo de la filosofía de su creador. Una película hecha a la medida de los adictos a la nostalgia y apasionados de los efectos especiales. La inherente superficialidad que contiene toda obra de Bay se multiplica exponencialmente en su último lanzamiento. La habitual rimbombancia narrativa del realizador nos lleva esta vez a través de romances de instituto y apocalipsis inevitables. De robots gigantes de extraño discurso, políticos afiliados a la NRA, militares convertidos en líderes, analistas informáticas con cuerpos de modelo, estereotipos raciales, ombliguismo puramente americano y dos grandes descubrimientos. El primero Shia LaBeouf, el nuevo enfant terrible de la interpretación americana, realizando una actuación a la medida de las necesidades de su personaje, un pringado ingenioso al que retrata con abrumadora tranquilidad. Y el segundo la diosa Hollywoodiense de 2007, una Megan Fox cuyo apellido debería terminar en triple X tras la volcánica escena del capó. En definitiva, un nuevo ejercicio de meticulosidad plástica de Bay, que olvida de manera consciente narración, originalidad, alegoría y drama en beneficio del ritmo y el espectáculo. Una vez más, una nueva demostración de cine de palomitas sin complejos. Una estupidez divertidísima.
O.K.: La innegable habilidad de Bay para conceder a su público lo que solicita.
K.O.: Que parezca estar atrapado en la superficialidad.






